No mires quien baila

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Después de ver a la nietísima por la Uno hacer el ridículo semana sí, semana también, uno no puede menos que preguntarse por qué ciertas personas son altamente proclives al ridículo. Menos mal que ya la han eliminado (creo).

 Salir en la tele con menos 3 en 1 en las venas que Robocop no es cosa baladí. Más aún si pretendes conservar la cabeza alta y desenvolverte con inimitable y españolísimo gracejo en los diálogos que siguen al show: una mezcla de maternalismo, inculcado desde su más tierna infancia, e ingenuidad, que queda así como muy espontáneo. Guiños a Poti, sonrisitas para la cámara, semblante ensimismado… no dejas de sorprenderme, Carmencita.

Entre eso y tu reciente boda con el cántabro prognato que más recuerda a Bustamante pero en gordo, has saturado las pantallas de los programas del corazón. Tu afición por el género masculino fresquito – al verte en la tele, mi padre siempre comenta lo mucho que te gusta lo duro – es cretinamente repudiada por tu querido hijo que, primero, ve mancillada la memoria paterna, y segundo, pierde toda credibilidad como hipotético monarca francés y hombre de negocios (sic). Como cantaba el peor actor de España, la vida al revés. Una familia monoparental formada por un hijo maleducado convertido en busto griego, expresión del hieratismo más rancio,  y una madre descocada de tele en tele y de fiesta en fiesta cual quinceañera en celo.

 Yo también me avergonzaría de ti. Estamos contigo, Duque de Anjou.

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1 comentario

  1. Tremendo said,

    febrero 4, 2007 a 5:05 pm

    No puedo dejar de citar un chiste publicado en El Jueves hace unos meses:

    En él se ve el alma de Franco, con sus alitas y tal diciendo a Carmencita “¿Pero, hija, que haces?”, a lo que la dicharachera bailarina responde “¡levantarles dos millones de pesetas semanales a los rojos, abuelito!”

    El dinero, oh Glaucón, nos hizo ver haciendo el ridículo a Lauren Postigo, al bobo del Dúo Dinámico, a Miguel Ríos y a su dentadura postiza, a Karina y a la fina de Massiel, quien al parecer era menos educada de lo que parecia cuando cantó el Lalalá y a la que”le pica el coño después de tirarse un pedo”.

    Brutal


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